Santa Filomena: del hallazgo en las catacumbas de Priscila al culto decimonónico

Litografía coloreada a mano que representa a Santa Filomena.

El descubrimiento del lóculo en la Catacumba de Priscila en 1802

El 24 de mayo de 1802, durante unas excavaciones rutinarias en la Catacumba de Priscila, situada en la Vía Salaria de Roma, los operarios hallaron un lóculo sepulcral intacto cerrado por tres baldosas de arcilla cocida. Al día siguiente, 25 de mayo de 1802, se procedió a la apertura formal del nicho en presencia del custodio de las reliquias. En su interior reposaban los restos óseos de una mujer joven, junto a un pequeño vaso de vidrio con sedimentos oscuros adheridos a sus paredes interiores.

En el contexto de la arqueología eclesiástica de comienzos del siglo XIX, las ampollas de cristal halladas junto a enterramientos en los cementerios subterráneos solían identificarse sin mayor examen químico como recipientes de sangre martirial. Del mismo modo, las tejas presentaban una inscripción pintada en rojo y una serie de símbolos grabados —un ancla, flechas, una palma y un lirio— que los eruditos de la época interpretaron de forma unánime como emblemas del martirio y de la pureza virginal en el testimonio de santa filomena.

La inscripción sepulcral y la reconstrucción del epígrafe

Las tres losas de terracota extraídas del lóculo no guardaban un orden lineal continuo en su disposición física. El texto pintado mostraba la secuencia «LUMENA / PAXTE / CVM FI». Para obtener un sentido gramatical coherente en latín, los eclesiásticos de la Curia romana reordenaron las piezas situando la tercera baldosa al principio: «PAX TECUM FILUMENA» («La paz sea contigo, Filomena»).

Esta recomposición textual dio pie a la asignación nominal de los restos. La hipótesis inicial supuso que el encargado del enterramiento en la Antigüedad tardía había colocado las placas de manera apresurada o errónea por descuido o analfabetismo. Con este nombre recompuesto, los restos fueron catalogados y depositados en la Custodia General de Sagradas Reliquias en Roma a la espera de un destino eclesial.

El traslado a Mugnano del Cardinale y la mediación de Francesco De Lucia

En el verano de 1805, el sacerdote Don Francesco De Lucia, natural del municipio campano de Mugnano del Cardinale en la diócesis de Nola, viajó a Roma acompañando al obispo electo de Potenza. De Lucia solicitó a las autoridades vaticanas la concesión del cuerpo de una mártir de las catacumbas para erigir un foco espiritual en la iglesia de su localidad natal, que atravesaba un periodo de decaimiento pastoral.

Obtenida la donación pontificia el 8 de junio de 1805, el sacerdote organizó el traslado de la urna relicario hacia el sur. La comitiva hizo escala en Nápoles y concluyó el viaje con la llegada solemne a Mugnano del Cardinale el 10 de agosto de 1805. Este acontecimiento transformó de forma inmediata la vida religiosa local, convirtiendo la iglesia parroquial en un centro de peregrinación comarcal que comenzó a registrar curaciones y favores atribuidos a la intercesión de la joven mártir, según consta en la documentación del Santuario di Santa Filomena.

La donación de las losas originales por León XII en 1827

A medida que la fama del santuario de Mugnano crecía en el Reino de las Dos Sicilias, las autoridades locales buscaron consolidar el valor testimonial del lugar de culto mediante la obtención de los objetos arqueológicos originales. El 11 de julio de 1827, el Papa León XII donó formalmente a la iglesia de Mugnano las tres baldosas de terracota originales que habían sellado el lóculo en Priscila.

Las losas fueron incrustadas en un relicario monumental dentro del templo, permitiendo a los fieles contemplar directamente el soporte material del epígrafe. Esta concesión pontificia reforzó la legitimidad del santuario campano frente a otras devociones coetáneas surgidas del subsuelo romano.

Las revelaciones de sor Maria Luisa de Jesús en 1833

El relato biográfico detallado sobre la vida de la mártir no proviene de actas martiriales antiguas ni de crónicas patrísticas, sino de una serie de manifestaciones místicas decimonónicas. El 3 de agosto de 1833, la religiosa terciaria dominica sor Maria Luisa de Jesús, residente en Nápoles, afirmó haber recibido una revelación privada donde la propia mártir le narraba su origen y su fin.

Según este relato devocional, Filomena era una princesa de origen griego consagrada privadamente a Dios a los once años, llevada a Roma por sus padres en busca de un tratado de paz con el emperador Diocleciano. Al rechazar la propuesta matrimonial del emperador pagano, la joven fue sometida a diversos suplicios —flagelación, inmersión en el río Tíber atada a un ancla y saeteamiento— antes de ser decapitada a la edad de trece años un viernes a las tres de la tarde. Esta narración, desprovista de anclaje documental coetáneo a las persecuciones romanas, se difundió rápidamente mediante folletos populares en toda Europa.

La curación de Pauline Jaricot y la repercusión en Francia

La proyección internacional de la devoción hacia santa filomena recibió un impulso definitivo a través de la figura de Pauline Jaricot, fundadora de la Obra de la Propagación de la Fe y del Rosario Viviente. Aquejada de una grave dolencia cardíaca que los médicos de la época consideraban terminal, Jaricot emprendió un viaje a Italia en 1835 con el propósito expreso de acudir a Mugnano.

El 10 de agosto de 1835, durante la celebración litúrgica en el santuario, Jaricot experimentó una repentina recuperación física que le permitió incorporarse y caminar sin ayuda. La repercusión médica y religiosa de este suceso en Roma condujo a una audiencia con el Papa Gregorio XVI, quien constató personalmente su restablecimiento. A su regreso a Lyon, Jaricot mandó edificar una capilla dedicada a la mártir en su residencia de Lorette, tal como recoge la documentación de La Maison de Lorette, convirtiéndose en el principal nodo de irradiación del culto en territorio francés.

El impulso del Cura de Ars y la expansión parroquial europea

A través de la mediación directa de Pauline Jaricot, San Juan María Vianney, párroco de Ars-sur-Formans, adoptó una profunda devoción hacia la mártir. En 1837, el sacerdote erigió una capilla lateral en su iglesia parroquial consagrada a la santa, depositando en ella una reliquia insigne traída desde Italia.

Vianney acostumbraba a atribuir sistemáticamente a la intercesión de la joven romana las numerosas curaciones físicas y espirituales que los peregrinos experimentaban en Ars, utilizándola como escudo frente a la veneración personal que despertaba su propia figura ministerial. La repercusión pastoral del confesor francés multiplicó la erección de altares, cofradías e imágenes de santa filomena en parroquias rurales y urbanas de Francia, Bélgica y el mundo hispánico.

Aprobaciones litúrgicas particulares bajo Gregorio XVI y Pío IX

El incremento de la devoción popular y las gestiones episcopales motivaron pronunciamientos formales de la Sede Apostólica. Entre el 30 de enero y el 13 de febrero de 1837, el Papa Gregorio XVI ratificó un decreto de la Sagrada Congregación de Ritos que autorizaba la celebración de misa propia y oficio litúrgico del común de vírgenes y mártires para la diócesis de Nola el 11 de agosto, privilegio que posteriormente se extendió a otras diócesis y congregaciones que lo solicitaron formalmente.

Años después, el 7 de noviembre de 1849, el Papa Pío IX, durante su estancia en el Reino de las Dos Sicilias tras los sucesos políticos de Roma, acudió en peregrinación personal al santuario de Mugnano del Cardinale para celebrar la eucaristía y agradecer el restablecimiento de su salud. Estas resoluciones pontificias consolidaron una veneración pública circunscrita exclusivamente a calendarios particulares aprobados, sin que el culto fuera incorporado en ningún momento al Calendario Romano General universal, tal como expone la síntesis académica de la Catholic Encyclopedia sobre Santa Filomena.

Revisión epigráfica: los análisis de Orazio Marucchi

A comienzos del siglo XX, el desarrollo de la arqueología cristiana moderna y el método epigráfico riguroso plantearon severos reparos a las conclusiones de 1802. Entre 1903 y 1907, el arqueólogo Orazio Marucchi publicó estudios detallados sobre el material procedente de las catacumbas de Priscila.

Marucchi demostró que las tres baldosas de arcilla no habían sido colocadas erróneamente por un descuido puntual, sino que correspondían a un fenómeno habitual en los cementerios paleocristianos: la reutilización de materiales sepulcrales más antiguos. Las losas, pertenecientes a un enterramiento primitivo de finales del siglo II o principios del III, habían sido levantadas y vueltas a emplear en el siglo IV para sellar el lóculo de un cadáver anónimo. Asimismo, los análisis comparados de recipientes fúnebres indicaron que los vasos de vidrio adosados a los nichos solían contener perfumes o resinas balsámicas habituales en los ritos de enterramiento tardorromanos, perdiendo con ello el valor probatorio absoluto de martirio que se les otorgaba en 1802.

La instrucción de la Sagrada Congregación de Ritos de 1961

El desarrollo de los estudios histórico-críticos impulsó a la Santa Sede a revisar los calendarios litúrgicos para depurar las memorias que carecían de base documental de época. El 14 de febrero de 1961, la Sagrada Congregación de Ritos promulgó una instrucción general sobre la reforma de los calendarios particulares, publicada en las Acta Apostolicae Sedis (AAS 53, 1961, p. 174).

La disposición vaticana ordenó expresamente la supresión de la fiesta de santa filomena de todos los calendarios diocesanos y religiosos donde figuraba. Esta decisión no constituyó una declaración de inexistencia ontológica ni un anatema doctrinal, sino una medida disciplinar de honestidad litúrgica: al no existir fuentes históricas contemporáneas a los primeros siglos que sustentaran la identidad y el martirio de la figura sepultada, la Iglesia retiraba la celebración oficial en el altar, permitiendo no obstante la continuidad pastoral de las devociones populares privadas en su santuario histórico.

Pervivencia devocional en Mugnano del Cardinale y tipología iconográfica

A pesar de la reorganización litúrgica de 1961, el santuario de Mugnano del Cardinale conserva su estatus y sigue congregando a peregrinos de diversos continentes. En el plano etnográfico y devocional, destacan tradiciones como la procesión de los battenti, donde penitentes descalzos acuden en promesa al templo durante las festividades de agosto.

La iconografía consolidada en el siglo XIX representa habitualmente a la santa como una joven doncella coronada de flores, vestida con túnica y manto de tonos pastel, sosteniendo en sus manos la palma del martirio, un ramo de lirios blancos, un ancla marina y varias saetas. Estas representaciones figurativas, catalogadas también en iniciativas como BeWeB, continúan sirviendo de referencia para la piedad popular vinculada a la intercesión de santa filomena en santuarios y templos de todo el mundo católico, en armonía con los criterios de discernimiento abordados en Catholic Culture y en las descripciones de Étoile Notre Dame.

Fuentes y lecturas documentales

Preguntas frecuentes

¿Cuándo y dónde se descubrieron los restos atribuidos a Santa Filomena?

Los restos óseos fueron hallados el 24 y 25 de mayo de 1802 en un lóculo de la Catacumba de Priscila, en la Vía Salaria de Roma, clausurado por tres baldosas de barro cocido con inscripciones latinas y símbolos paleocristianos.

¿Cuál es el origen del relato sobre su vida y martirio?

La narración que la describe como princesa griega martirizada a los trece años bajo el mandato de Diocleciano procede exclusivamente de las revelaciones privadas declaradas por la religiosa napolitana sor Maria Luisa de Jesús en 1833, sin base en fuentes documentales antiguas.

¿Qué relación tuvo el Santo Cura de Ars con esta devoción?

San Juan María Vianney erigió en 1837 una capilla en Ars dedicada a la mártir tras recibir reliquias mediante Pauline Jaricot. El párroco atribuía de forma sistemática a su intercesión las curaciones y hechos extraordinarios acontecidos en su parroquia.

¿Qué concluyeron los estudios arqueológicos de principios del siglo XX?

Las investigaciones del arqueólogo Orazio Marucchi demostraron que las tejas con la inscripción «PAX TECUM FILUMENA» eran materiales de un sepulcro del siglo II o III reutilizados en el siglo IV para sellar una tumba anónima, descartando su valor identificativo original.

¿Por qué la Santa Sede retiró su fiesta litúrgica en 1961?

La Sagrada Congregación de Ritos suprimió su memoria de los calendarios litúrgicos particulares el 14 de febrero de 1961 debido a la ausencia de fuentes documentales contemporáneas a las persecuciones romanas, aplicando criterios estrictos de crítica histórica.

¿Figura la celebración de Santa Filomena en el Calendario Romano General?

No. El culto litúrgico concedido en el siglo XIX por el Papa Gregorio XVI estuvo circunscrito únicamente a calendarios diocesanos y locales específicos, sin haber sido incluido jamás en el Calendario Romano General de la Iglesia universal.