San Juan XXIII: Vida pastoral, renovación eclesial y magisterio de cercanía

Retrato fotográfico del papa Juan XXIII (Angelo Giuseppe Roncalli).

El 28 de octubre de 1958, el cónclave reunido tras la muerte de Pío XII eligió como sumo pontífice al cardenal Angelo Giuseppe Roncalli, quien contaba entonces con casi setenta y siete años de edad. Al adoptar el nombre de Juan XXIII, el nuevo papa inauguró una etapa decisiva en la historia contemporánea de la Iglesia católica. Frente a las previsiones de diversos observadores que anticipaban un gobierno breve y meramente administrativo, su pontificado supuso una profunda renovación en las formas del ministerio petrino, un giro pastoral centrado en la cercanía humana y el impulso al mayor acontecimiento eclesial del siglo XX: el Concilio Vaticano II.

Orígenes campesinos en Sotto il Monte y primera formación espiritual

Angelo Giuseppe Roncalli nació el 25 de noviembre de 1881 en Brusicco, una aldea perteneciente al municipio de Sotto il Monte, en la provincia lombarda de Bérgamo. Fue el cuarto de los trece hijos del matrimonio formado por Giovanni Battista Roncalli y Marianna Mazzola, una familia de aparceros y labradores que vivía en condiciones de notable sobriedad material. Este entorno rural marcó de forma permanente su personalidad, aportándole una sencillez de trato, una vinculación con la tierra y una serenidad que mantendría a lo largo de toda su vida eclesiástica.

Ingresó en el seminario diocesano de Bérgamo a una edad temprana, donde inició en 1895 la redacción continuada de sus notas íntimas. Estos escritos personales, conservados y custodiados actualmente por instituciones como la Fondazione Papa Giovanni XXIII, verían la luz póstumamente bajo el título de Il Giornale dell'Anima (Diario del alma). Dicha obra testimonia una piedad arraigada en el método ignaciano y las devociones tradicionales lombardas, caracterizada por un rigor interior constante y una búsqueda continuada de pureza de intención.

Estudios teológicos en Roma y magisterio junto al obispo Radini Tedeschi

Gracias a una beca diocesana, Roncalli se trasladó a la capital italiana para cursar estudios superiores. El 13 de julio de 1904 obtuvo el doctorado en Sagrada Teología en el Pontificio Seminario Romano dell'Apollinare, y apenas unas semanas después, el 10 de agosto de 1904, fue ordenado sacerdote en la iglesia de Santa Maria in Montesanto, situada en la romana Piazza del Popolo.

Al año siguiente, en 1905, el nuevo obispo de Bérgamo, monseñor Giacomo Maria Radini Tedeschi, lo nombró su secretario personal. Durante casi una década, hasta el fallecimiento del prelado en 1914, el joven sacerdote acompañó a Radini Tedeschi en sus intensas visitas pastorales, en el respaldo a las organizaciones obreras cristianas y en la aplicación de las directrices sociales de León XIII. Al mismo tiempo, ejerció como profesor de historia eclesiástica y patrología en el seminario de Bérgamo, donde profundizó en la figura y obra reformadora de san Carlos Borromeo, estudio crítico que editó a lo largo de varias décadas en cinco volúmenes.

Servicio sanitario en la Gran Guerra y responsabilidad en Propaganda Fide

La entrada de Italia en la Primera Guerra Mundial alteró su labor académica y pastoral. Entre 1915 y 1918, Roncalli fue movilizado en el Real Ejército Italiano, prestando servicio primero como sargento en el cuerpo de sanidad militar y posteriormente como capellán castrense en hospitales de retaguardia. Esta experiencia directa con el dolor humano, las heridas bélicas y el sufrimiento de los soldados consolidó su aversión al conflicto armado y afinó su sensibilidad hacia los marginados y convalecientes.

Finalizada la contienda, el papa Benedicto XV lo llamó a Roma el 18 de enero de 1921 para reorganizar el Consejo Central para Italia de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe. En este cargo recorrió numerosas diócesis italianas y centros europeos, impulsando la animación misionera y estableciendo vínculos con comunidades eclesiales extranjeras.

Etapa diplomática: Bulgaria, Turquía y Grecia

El 19 de marzo de 1925 recibió la consagración episcopal como arzobispo titular de Areópolis tras ser designado por Pío XI como Visitador Apostólico en Bulgaria. Eligió como lema episcopal la divisa Obedientia et Pax («Obediencia y Paz»), tomada de san César de Arlés y del cardenal César Baronio, máxima que rigió toda su actuación ministerial. En Sofía permaneció una década atendiendo a la reducida comunidad católica de rito latino y oriental, al tiempo que entabló un respetuoso diálogo con la Iglesia ortodoxa búlgara.

En noviembre de 1934 fue trasladado a Estambul como Delegado Apostólico en Turquía y Grecia, asumiendo la sede titular de Mesembria. Su estancia en territorio turco coincidió con los años del laicismo kemalista y con la Segunda Guerra Mundial. Desde la neutralidad formal de la delegación, Roncalli coordinó una compleja red de asistencia humanitaria. En estrecha cooperación con diplomáticos extranjeros, la Cruz Roja y organizaciones de socorro, facilitó visados de tránsito, certificados de bautismo y documentación que permitieron evitar la deportación a campos de exterminio de miles de refugiados judíos procedentes de Hungría, Eslovaquia y otras zonas de Europa central y oriental.

Nunciatura en el París de la posguerra y patriarcado de Venecia

El 22 de diciembre de 1944, en un contexto político sumamente delicado tras la liberación de Francia, el papa Pío XII lo nombró nuncio apostólico en París. Roncalli gestionó con destreza diplomática las tensiones entre el gobierno del general Charles de Gaulle y el episcopado francés acusado de colaboracionismo durante el régimen de Vichy, logrando una normalización institucional sin rupturas traumáticas. Ejerció además como observador permanente de la Santa Sede ante la UNESCO.

El registro de su trayectoria, recogido en el repertorio biográfico de la Enciclopedia Treccani, muestra el reconocimiento eclesial a sus casi tres décadas de servicio exterior. El 12 de enero de 1953 fue creado cardenal por Pío XII, y tres días más tarde fue preconizado patriarca de Venecia, según consta en los registros de The Cardinals of the Holy Roman Church. En la sede de San Marcos desarrolló una labor plenamente pastoral: celebró el sínodo diocesano, visitó todas las parroquias de la laguna veneciana y facilitó un clima de hospitalidad y acogida ciudadana sin distinciones ideológicas.

Elección papal de 1958 y el debate sobre la supuesta transición

A la muerte de Pío XII, el cónclave eligió a Roncalli el 28 de octubre de 1958. Fue coronado el 4 de noviembre como el 261.º obispo de Roma. En los análisis historiográficos analizados en la Enciclopedia dei Papi, diversos comentaristas calificaron su designación como una solución de compromiso para un pontificado de corta duración y continuidad pacífica. No obstante, las cartas y documentos del pontífice demuestran que San Juan XXIII asumió el solio con una clara conciencia de su autoridad y con el propósito de imprimir un estilo marcadamente pastoral y transformador a la curia y a la Iglesia universal.

Humanización de las formas pontificias y cercanía pastoral cotidiana

Desde las primeras semanas de su pontificado, Juan XXIII modificó la rigidez del protocolo vaticano heredado de los siglos precedentes. Desmontó la costumbre de que el pontífice comiera en estricta soledad, amplió las audiencias privadas y se mostró accesible a los trabajadores y empleados de la Ciudad del Vaticano. Su lenguaje llano, libre de tecnicismos escolásticos complejos, buscaba una comunicación directa y afectuosa con los fieles.

En la Navidad de 1958 y la Pascua de 1959, el papa protagonizó gestos que causaron un hondo impacto en la opinión pública de la época. Visitó a los niños ingresados en el hospital Bambino Gesù de Roma y acudió a la cárcel de Regina Coeli, donde conversó directamente con los reclusos explicándoles con naturalidad que, al no poder acudir ellos a verle, correspondía al obispo acudir a su encuentro. Estos actos devolvieron al ministerio papal una dimensión de cercanía física y compasión evangélica que redefinió el ejercicio público del pontificado.

El anuncio del Concilio Vaticano II y la renovación ecuménica

El 25 de enero de 1959, en la abadía de San Pablo Extramuros y ante un reducido grupo de cardenales, Juan XXIII realizó un anuncio trascendental: la convocatoria simultánea de un Concilio Ecuménico para la Iglesia universal, un Sínodo para la diócesis de Roma y la puesta al día del Código de Derecho Canónico. La decisión no fue una mera ocurrencia improvisada, sino el resultado maduro de sus años de reflexión histórica sobre la naturaleza de la Iglesia y la necesidad de un aggiornamento (actualización pastoral) frente al mundo moderno.

En junio de 1960 fundó el Secretariado para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, confiado al cardenal Augustin Bea, e invitó formalmente a delegaciones eclesiásticas ortodoxas, anglicanas y protestantes a participar como observadores en el aula conciliar. En el ámbito litúrgico, ordenó la eliminación de la expresión despectiva hacia los judíos en las oraciones del Viernes Santo, sentando los fundamentos teológicos de lo que sería la posterior declaración conciliar Nostra Aetate sobre el diálogo interreligioso.

Magisterio social: de Mater et Magistra a Pacem in Terris

El magisterio social de San Juan XXIII quedó articulado de manera eminente en dos grandes encíclicas doctrinales. El 15 de mayo de 1961 promulgó la carta encíclica Mater et Magistra, disponible asimismo en su redacción en italiano, dedicada a actualizar la doctrina social católica a setenta años de la Rerum Novarum. El texto examinaba la cuestión del desarrollo agrario, la justa retribución del trabajo, la distribución equitativa de la riqueza y los desequilibrios económicos globales entre naciones industrializadas y regiones agrícolas.

Dos años más tarde, el 11 de abril de 1963, publicó la carta encíclica Pacem in Terris (igualmente accesible en italiano), un documento histórico dirigido no solo a los obispos católicos sino por primera vez «a todos los hombres de buena voluntad». En plena Guerra Fría y tras haber intervenido discretamente en la resolución de la Crisis de los Misiles de Cuba en octubre de 1962 mediante un llamamiento radiofónico universal a la cordura diplomática el 25 de octubre, la encíclica fundamentó el orden internacional en cuatro pilares inseparables: la verdad, la justicia, el amor y la libertad. En la primavera de aquel año, el papa fue distinguido con el Premio Balzan por la Paz en reconocimiento a su magisterio y labor pacificadora.

Apertura del Concilio, enfermedad y fallecimiento

El 11 de octubre de 1962, tras realizar días antes una peregrinación penitencial en tren a Loreto y Asís —la primera salida ferroviaria de un pontífice fuera de Roma desde el siglo XIX—, Juan XXIII inauguró solemnemente las sesiones del Concilio Vaticano II con el célebre discurso Gaudet Mater Ecclesia. En él exhortó a los padres conciliares a presentar la doctrina tradicional mediante una formulación pastoral positiva, distinguiendo la sustancia del depósito de la fe del modo en que se expresa y recurriendo a la «medicina de la misericordia» más que a la severidad de las condenas. Aquella misma noche, ante la multitud congregada en la Plaza de San Pedro, pronunció de manera espontánea el conocido «Discurso de la Luna».

Afectado por un cáncer gástrico diagnosticado meses atrás, el pontífice siguió los primeros trabajos de la asamblea ecuménica mientras su salud se deterioraba paulatinamente. Falleció en el Palacio Apostólico Vaticano el 3 de junio de 1963, a causa de una peritonitis derivada de su patología oncológica, en medio de una conmoción universal unánime.

Beatificación, canonización y veneración en la Basílica de San Pedro

El papa Juan Pablo II beatificó solemnemente a San Juan XXIII el 3 de septiembre de 2000 en Roma. Con motivo de aquel rito, sus restos mortales fueron exhumados en 2001 de las Grutas Vaticanas y sometidos a un riguroso tratamiento técnico de conservación química y embalsamamiento antes de ser trasladados al altar de San Jerónimo en la Basílica de San Pedro, donde permanecen visibles dentro de una urna de cristal para la veneración de los fieles.

El 27 de abril de 2014, el papa Francisco lo proclamó santo junto a Juan Pablo II, acontecimiento registrado en el decreto oficial de canonización y en la homilía de Francisco, quien lo caracterizó como el papa de la docilidad al Espíritu Santo. En el procedimiento canónico de canonización de San Juan XXIII, el pontífice recurrió a la legítima facultad de dispensa formal del requisito del segundo milagro certificado, atendiendo a su indiscutible e ininterrumpida fama universal de santidad y a los trascendentales frutos eclesiales del concilio que convocó.

Fuentes y lecturas documentales

Preguntas frecuentes

¿Por qué se conoce el pontificado de Juan XXIII por su cercanía pastoral?

Juan XXIII transformó el protocolo pontificio al visitar de forma directa hospitales infantiles como el Bambino Gesù y centros penitenciarios como la cárcel de Regina Coeli en Roma, dialogando con los reclusos y enfermos con un lenguaje llano y comprensible.

¿Cuál es el origen y significado de su lema 'Obedientia et Pax'?

Adoptó el lema «Obedientia et Pax» al ser consagrado obispo en 1925, inspirándose en las reflexiones de san César de Arlés y del cardenal César Baronio. Expresa su principio espiritual de adhesión a la voluntad de Dios y búsqueda constante de concordia eclesial y social.

¿Cómo influyó su origen campesino en su personalidad pontificia?

Nacido en una familia de aparceros en Sotto il Monte (Bérgamo), conservó a lo largo de su carrera eclesiástica una sobriedad de costumbres, el arraigo a la piedad popular tradicional y un estilo cercano y desprovisto de artificios diplomáticos o cortesanos.

¿Qué papel desempeñó en el auxilio de refugiados durante la Segunda Guerra Mundial?

Como Delegado Apostólico en Estambul entre 1935 y 1944, colaboró activamente con diplomáticos neutrales, la Cruz Roja y organizaciones de rescate para emitir certificados de bautismo y visados que libraron de la deportación a miles de judíos europeos.

¿Cuándo y por qué convocó el Concilio Vaticano II?

Anunció la convocatoria del Concilio Vaticano II el 25 de enero de 1959 en Roma para promover el aggiornamento o actualización pastoral de la Iglesia católica, profundizar en el diálogo ecuménico y exponer la doctrina cristiana en respuesta al mundo moderno.

¿Cómo se resolvió la canonización de Juan XXIII en 2014?

El papa Francisco lo canonizó el 27 de abril de 2014 dispensando formalmente el requisito de un segundo milagro certificado, basándose en la ininterrumpida fama universal de santidad del pontífice y en los frutos doctrinales y pastorales del Concilio Vaticano II.