Novena de Navidad: cómo rezarla los 9 días 🌟
Hay una forma de llegar a la Nochebuena distinta a la del estrés y las compras de última hora: preparar el corazón, día a día, durante los nueve previos. La novena de Navidad es una de las tradiciones más entrañables del Adviento, esa cuenta atrás rezada que reúne a familias enteras junto al belén para esperar el nacimiento del Niño Dios. Nueve días, nueve veladas, una misma ilusión: que Jesús nazca también en nosotros. ¿Cómo se reza y de dónde viene esta costumbre tan querida?
Contexto histórico: nueve días para preparar el pesebre
El número nueve no es casual: las novenas evocan los nueve meses que el Niño esperó en el seno de María, y esos nueve días recogen la espera gozosa de todo el Adviento. La novena de Navidad se reza tradicionalmente del 16 al 24 de diciembre, culminando en la Nochebuena.
La versión más difundida en el mundo de habla hispana es la llamada «Novena de Aguinaldos», cuyo texto principal se atribuye a fray Fernando de Jesús Larrea, franciscano del siglo XVIII. De Hispanoamérica se extendió por doquier, y hoy conviven muchas adaptaciones —novenas al Niño Jesús, novenas familiares más breves— que comparten una misma estructura: una oración inicial que se repite cada día, una consideración propia de la jornada, unos «gozos» cantados y unas peticiones al Niño, a la Virgen y a san José.
Más allá de la costumbre, la novena tiene un fondo teológico hondo: celebra el misterio central de la fe, la Encarnación. «Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros» (Juan 1, 14). Prepararse para la Navidad no es solo adornar la casa, sino disponer el alma para acoger a Dios que se hace niño.
Cómo se reza la novena de Navidad
Cada uno de los nueve días se sigue este esquema, ante el belén o una imagen del Niño:
1. Oración para todos los días (se repite cada jornada):
«Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amaste a los hombres que les diste en tu Hijo la prenda de tu amor, para que, hecho hombre en las purísimas entrañas de una Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio: infunde en nosotros un vivísimo deseo de prepararnos, como conviene, para celebrar dignamente su nacimiento; concédenos las virtudes que él nos enseñó en el portal, para que, imitándole, merezcamos gozar eternamente de su gloria. Amén.»
2. Consideración del día (una breve lectura o meditación propia de cada jornada).
3. Gozos (se cantan o recitan, con el estribillo):
«Dulce Jesús mío, mi Niño adorado, / ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto.»
4. Oración al Niño Jesús, a la Virgen María y a san José, y peticiones de la familia.
Reflexión y significado: hacer sitio al que viene
La novena no es una cuenta atrás como la de un calendario comercial. Es una preparación interior. Cada día nos sitúa ante una pregunta sencilla: ¿hay sitio en mi vida para el que viene, o estará todo «completo», como en la posada de Belén?
¿Por qué prepararse nueve días si Jesús ya nació hace siglos?
Porque la Navidad no es solo un recuerdo, sino una venida que se renueva. La liturgia del Adviento nos enseña a esperar a Cristo en tres tiempos: el que nació en Belén, el que vendrá al final, y el que quiere nacer hoy en cada corazón. La novena entrena precisamente esa tercera espera: «Preparad el camino del Señor» (Mateo 3, 3). Nueve días dan tiempo a barrer la posada interior.
«Ven, no tardes tanto»: el corazón del estribillo
Los gozos repiten una súplica casi infantil: «ven, no tardes tanto». Es el grito del Adviento entero, que la Iglesia hace suyo con la antigua aclamación «¡Ven, Señor Jesús!» (Apocalipsis 22, 20). Cantarlo en familia, junto al belén, enseña a los niños —y recuerda a los mayores— que la Navidad no consiste en recibir, sino en esperar a Alguien.
Una oración para rezar en familia
La novena es, quizá, la oración doméstica por excelencia: se reza en casa, en voz alta, repartiendo las lecturas entre pequeños y mayores. No exige saber teología, sino reunirse. Si no llegas a los nueve días, empieza por los que puedas; si no encuentras el texto completo, basta esta oración inicial y los gozos. Lo importante es volver a poner a Dios en el centro de unas fechas que tantas veces lo dejan fuera. Que, cuando llegue la Nochebuena, el Niño encuentre sitio.
Fuentes
- Sagrada Escritura: Juan 1, 14; Mateo 3, 3; Lucas 2, 1-14; Apocalipsis 22, 20.
- Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 522-526 (los misterios de la infancia de Jesús; el Adviento).
- Novena de Aguinaldos, atribuida a fray Fernando de Jesús Larrea (s. XVIII); tradición del Adviento.
Sobre el autor
Este artículo forma parte de «Oraciones y rezos cristianos», la serie de Productos Religiosos dedicada a redescubrir el tesoro de la oración católica. Escribimos desde la fe y con rigor, acudiendo siempre a la Escritura, al Catecismo y a la tradición viva de la Iglesia, para que cada oración vuelva a ser lo que siempre fue: un encuentro con Dios.