Hazme un Instrumento de Tu Paz: Descubre la Poderosa Oración de San Francisco de Asís

Ilustración devocional de la oración Oración de la paz

Una oración nacida en tiempos de guerra

La llamada Oración por la paz, conocida por su célebre primer verso "Señor, hazme instrumento de tu paz", no fue escrita por san Francisco de Asís, aunque hoy lleve su nombre con justicia espiritual. Su rastro documental más antiguo se remonta a diciembre de 1912, cuando apareció publicada de forma anónima en La Clochette, el pequeño boletín de la Ligue de la Sainte-Messe que dirigía en París el padre Esther Bouquerel. Desde allí pasó a L'Osservatore Romano en enero de 1916, en plena Primera Guerra Mundial, como súplica oportuna en un continente desgarrado por las trincheras.

La atribución franciscana llegó hacia 1920, cuando un fraile francés la imprimió en el reverso de una estampa con la imagen del Poverello. El parecido entre su espíritu y el carisma de Asís bastó para que, desde entonces, el pueblo cristiano la rezara como suya. No figura en el Misal ni en la Liturgia de las Horas, pero ha sido citada por Juan XXIII, Juan Pablo II, Benedicto XVI y, de modo recurrente, por Francisco, especialmente en la encíclica Fratelli tutti. En la devoción popular se reza en velatorios, retiros, encuentros ecuménicos y como examen vespertino.

Texto completo de la Oración por la paz

Señor, hazme instrumento de tu paz.
Donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, ponga yo perdón;
donde haya discordia, ponga yo unión;
donde haya error, ponga yo verdad;
donde haya duda, ponga yo la fe;
donde haya desesperación, ponga yo esperanza;
donde haya tinieblas, ponga yo la luz;
donde haya tristeza, ponga yo la alegría.

Oh Maestro,
que no busque yo tanto ser consolado, como consolar;
ser comprendido, como comprender;
ser amado, como amar.

Porque dando se recibe,
olvidándose de sí mismo se encuentra uno a sí mismo,
perdonando se es perdonado,
muriendo se resucita a la vida eterna.
Amén.

Reflexión y significado

Quien ora esta súplica descubre pronto que no está pidiendo un don pasivo, sino una transformación de su propia condición. La fórmula "hazme instrumento" coloca a quien reza en la lógica del bautismo: dejarse usar por Otro. Es la misma lógica que san Pablo describe en Romanos 12, 21 cuando exhorta a "no dejarse vencer por el mal, sino a vencer al mal con el bien". La paz, en el lenguaje bíblico, no es ausencia de conflicto sino el shalom que brota cuando el ser humano queda reconciliado con Dios, consigo mismo y con el prójimo. Por eso Jesús proclama bienaventurados a los que trabajan por la paz, "porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mateo 5, 9): la paz es signo de filiación.

El Catecismo de la Iglesia Católica recoge esta misma intuición cuando enseña que "la paz terrena es imagen y fruto de la paz de Cristo" (CCC 2305) y que solo puede obtenerse mediante la justicia y la caridad, no como simple cese de hostilidades. Por eso la oración no enumera deseos abstractos, sino oposiciones concretas: odio frente a amor, ofensa frente a perdón, tinieblas frente a luz. Cada antítesis describe un combate espiritual real, el mismo que el Catecismo sitúa en el corazón humano como lugar donde "se decide la suerte de los grandes combates entre el bien y el mal" (CCC 2302-2303, sobre la paz como obra de la caridad).

La segunda parte de la oración da un salto que muchos maestros espirituales han subrayado: pedir no buscar ser consolado, comprendido o amado. Aquí resuena con fuerza el descentramiento ignaciano y, sobre todo, el modo de proceder del propio Francisco según lo narran Tomás de Celano en su Vita prima y san Buenaventura en la Legenda Maior: un hombre que solo encontró alegría cuando renunció a poseer, incluso a poseer la consolación. Es la kénosis de Filipenses 2, aplicada a la vida cotidiana. No se trata de despreciar el consuelo, sino de no hacerlo condición de la entrega.

El cierre de la oración —"muriendo se resucita a la vida eterna"— condensa el misterio pascual entero. Quien reza estas líneas está pidiendo, sin saberlo del todo, vivir ya ahora la dinámica del grano de trigo de Juan 12, 24. El papa Francisco lo recordó en Fratelli tutti (n. 2-4 y 286), cuando situó la figura del santo de Asís como inspirador de una fraternidad universal capaz de tender puentes incluso con el adversario. Los frutos espirituales que la Tradición asocia a esta oración son los mismos que san Pablo enumera en Gálatas 5, 22: caridad, gozo, paz, paciencia, mansedumbre. Y son frutos verificables: quien la reza con constancia acaba notando que perdona antes, escucha más, se queja menos. La oración no cambia el mundo de golpe; cambia primero al que la reza, y por él al pequeño trozo de mundo que tiene delante.

No la escribió san Francisco, y conviene decirlo

Es una de las atribuciones erróneas más extendidas del cristianismo. La oración «Señor, hazme instrumento de tu paz» no es de san Francisco de Asís: aparece por primera vez en 1912, en una revista devocional francesa llamada La Clochette, anónima. Siete siglos después de Francisco.

«Bienaventurados los que trabajan por la paz» Mt 5, 9

Se le asoció a él durante la Primera Guerra Mundial, cuando circuló impresa en una estampa con su imagen al dorso, y de ahí pasó a llamarse «oración de san Francisco». Decirlo no le quita valor: su espíritu es profundamente franciscano y por eso la atribución cuajó. Pero un artículo que la presenta como escrita por él en el siglo XIII está dando por buena una leyenda.

Cómo se usa

  • Como examen: cada verso propone un cambio de posición —donde haya odio, poner amor— y sirve para revisar el día.
  • En actos por la paz y celebraciones ecuménicas, que es donde más se reza en público.
  • El 4 de octubre, fiesta de san Francisco, por la asociación popular.

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En la tienda: placas de madera grabadas.

Preguntas frecuentes

¿La escribió san Francisco de Asís?

No. Aparece por primera vez en 1912, anónima, en la revista francesa La Clochette. Se le atribuyó durante la Primera Guerra Mundial al circular en una estampa con su imagen.

¿Entonces por qué se llama oración de san Francisco?

Por esa estampa y porque su contenido encaja con el espíritu franciscano. La atribución es popular, no histórica.

¿Sigue siendo válida como oración?

Por completo. Que no sea del siglo XIII no cambia lo que dice, y la Iglesia la reza con normalidad en actos por la paz.

¿Cuál es su idea central?

Que se pide ser el sujeto del cambio, no el beneficiario: «que no busque tanto ser consolado como consolar». Cada verso invierte la posición habitual de quien reza.

Fuentes

  • Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2302-2306 (sobre la paz) y n. 2305 (la paz terrena como fruto de la paz de Cristo).
  • Sagrada Biblia: Mateo 5, 9; Romanos 12, 21; Juan 12, 24; Gálatas 5, 22.
  • Tomás de Celano, Vita prima Sancti Francisci (1228-1229), edición castellana en Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid.
  • San Buenaventura, Legenda Maior Sancti Francisci, en Obras de San Buenaventura, BAC.
  • Francisco, Carta encíclica Fratelli tutti sobre la fraternidad y la amistad social (3 de octubre de 2020), especialmente nn. 2-4 y 286.
  • Christian Renoux, La prière pour la paix attribuée à saint François: une énigme à résoudre, Éditions Franciscaines, París, 2001 (estudio histórico sobre el origen del texto en La Clochette, 1912).

Sobre el autor

Javier Morales ha dirigido más de doscientos retiros en la red de Emaús España a lo largo de doce años. Su formación combina la espiritualidad ignaciana con la tradición del movimiento Emaús: el camino interior, el discernimiento y el encuentro personal con Cristo resucitado como motor de la conversión.

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